El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
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Jesús, pan compartido… que nos trae la vida plena
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-58
Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”
Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Palabra del Señor

Para reflexionar:
1. ¿Qué valor tiene la Eucaristía en tu vida? ¿Qué significa para ti?
2. ¿Comulgas con frecuencia? ¿Qué te motiva a ello?
3. “Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”… ¿De qué manera podrías explicar a otros la presencia del Señor en la Eucaristía?
4. ¿De qué manera vives la Eucaristía en tu vida? ¿Cómo se prolonga en medio de tu realidad esa comunión a la que nos invita el Señor con su Cuerpo y su Sangre?
Hoy celebramos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, celebramos a Jesucristo, presente verdadera y realmente en el pan y el vino consagrados. El Señor permanece junto a nosotros a través de su Cuerpo y su Sangre para ayudarnos a caminar en esta vida, especialmente como una sola Comunidad.
El evangelio de hoy es parte del discurso de Juan sobre el Pan de Vida donde a través de algunos diálogos Jesús revela la necesidad de una vida de fe comprometida con la realidad. En la primera afirmación resume el mensaje central, en el Señor está la Salvación, Él se hace pan compartido para darnos la vida eterna. Luego viene la reacción de los judíos que no comprenden como esto es posible, y finalmente las consecuencias para la vida plena.
Comer de este pan significa aceptar a Jesús como Señor, es buscar la voluntad de Dios siguiéndole a Él, viviendo como Él por medio de la caridad, de esta manera y gracias a la Eucaristía, podemos estar unidos al Señor y configurarnos con Él. Cuando comulgamos la vida divina que va del Padre al Hijo pasa a nosotros, es decir, podemos entrar en comunión con Dios gracias al Señor que se hace pan y se comparte para comunicarnos esa vida verdadera, y que se manifiesta en nuestra propia vida, buscando vivir en comunión con nuestros hermanos. La Eucaristía es así sacramento que realiza la obra de nuestra redención.
La comunión frecuente nos ayuda a mirar con los ojos del Señor, sentir con su corazón y dejar que actúe en nuestras vidas, en otras palabras, nos permite permanecer en el Señor, de esta manera viviremos su Caridad y manifestaremos a través del amor, ese amor fraternal al que Dios nos invita y que la Iglesia quiere hacer presente en el mundo. La Eucaristía por tanto es el sacramento de la presencia de Cristo y de la unidad de la Iglesia también.
En la Eucaristía, no solo encontramos la fuerza para enfrentar nuestro día a día, sino principalmente para caminar como Pueblo, como un solo rebaño tras los pasos de nuestro Señor.




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