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"No se siembra nunca en vano a jesús en el corazón de los jóvenes"
Don orione

Pequeña Obra de la Divina Providencia en Chile - 2018

  • Vocaciones Don Orione

El día que una mujer dejó a Jesús impresionado, la “Buena Noticia” del fin de semana



Ni María Magdalena, ni María Cecilia, ni María Anastasia impresionaron a Jesús como sí lo hizo la mujer que aparece en el relato del Evangelio de hoy. Pero antes de hablarte de esta mujer quiero recordarte que para leer el Evangelio con el corazón (pues no basta hacerlo de manera intelectual) conviene hacerlo de manera orante. Estos cuatro pasos te puede ayudar.


1.- Siéntate cómodo, respira profundo y pide el don del Espíritu Santo antes de leer el texto bíblico.


2.- Lee el relato de manera atenta, buscando comprenderlo y permitiendo que las palabras y acciones que allí aparecen sean como gotas de agua que caen sobre una esponja, y no como olas del mar que chocan sobre las rocas, sin penetrarlas.


3.- Luego de releer el texto un par de veces quédate con alguna idea, alguna palabra, algún verbo, o cualquier otro elemento que te haya llamado la atención y pregúntate ¿qué me dice el texto? ¿de qué manera este Evangelio ilumina mi presente o mi futuro? esta es la Palabra que Dios quiere comunicarle a tu vida.


4.- Habiendo experimentado a este Dios que se comunica a sí mismo a través de su Palabra, respóndele. Hazlo con humildad y con palabras que broten de tu interior: agradécele, pregúntale, confiésate, pídele… tantas cosas le puedes decir al Dios que ha hablado.


Esta es una manera muy sencilla de orar con la Palabra. Pues bien, ahora te dejo a ti mismo descubrir a la mujer que con un solo gesto dejó maravillado a Jesús:


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 38-44

Jesús enseñaba a la multitud:

“Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”.

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

Entonces Él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.


Esta mujer, con sus dos pequeñas monedas de cobre, lo dio todo. Y es que quien nos ha dado todo, es el único que también nos puede pedir todo. Solo quien ha entregado su propia vida por mí, me puede pedir que yo entregue la vida por su causa.


Estoy plenamente convencido que lo único que puede satisfacer plenamente el corazón humano es la entrega, el don de sí mismo, con todo lo que somos: con nuestros talentos y con nuestras fragilidades. Vivir haciendo esto es vivir en vocación, pues, “quien no vive para servir, no sirve para vivir” (Santa Teresa de Calcuta).


Que Dios nos ayude a ser generosos y radicales en nuestra forma de vivir la propia vocación.


¡Qué Dios te bendiga!

Padre Claudio Antonio Quintanilla

claudioquintanilla@gmail.com