• Vocaciones Don Orione

Este Evangelio te puede cambiar la vida, si quieres. La "Buena Noticia" del fin de semana




El Evangelio de hoy siempre me ha gustado mucho. Lo elijo cada vez que me piden hablar de la vocación a jóvenes. De hecho, de su interpretación se desprende una breve catequesis vocacional que con mucha alegría te comparto con la intención que te sea útil para discernir tu propia vocación.

El texto comienza relatando que un hombre corrió hacia Jesús, se puso de rodillas y le preguntó: ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? La respuesta de Jesús fue “Tú conoces los mandamientos” y le enumera algunos. Dos detalles: Lucas nos cuenta que era un hombre importante y que tenía mucho dinero. Y Mateo informa que era un hombre joven. Pues bien, este joven corrió para hablar con Jesús, pero en realidad, Jesucristo ya lo conocía y Él mismo salió a su encuentro.

Aquí un primer comentario vocacional: el Dios que buscamos y que deseamos conocer ya nos conoce desde siempre, desde antes de la creación del mundo ya nos amaba. Nuestro Dios es paciente, se pasó toda una eternidad esperando ese momento en que habría de llamarnos. El Dios que ama desde siempre, es el Dios que luego nos llama. Jesucristo es siempre quien toma la iniciativa al llamarnos y lo hace de distintas maneras, por diversos medios, personas y circunstancias.

Luego, al joven rico le fueron dirigidas estas palabras: “Ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”. El muchacho tenía todos los requisitos: Jesús lo miró con cariño y lo estaba invitando a seguirle, cumplía todos los mandamientos, el llamado a seguirlo era clarísimo. Sin embargo, “se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes”.

Un segundo comentario vocacional: esto de dar a los pobres lo que se posee, significa poner al servicio de los necesitados las propias riquezas o talentos. El muchacho, en un acto de libre albedrío, rechazó la invitación y prefirió seguir su propio camino. Jesucristo nos llama a poner al servicio de los pobres nuestros bienes, es decir, ofrecer nuestros talentos, dar nuestro tiempo y nuestras energías en aquellas personas que no nos pueden retribuir o recompensar. En la medida que damos gratuitamente, Dios nos hará experimentar una alegría inmensa y seguramente nos mostrará el camino que Él ha pensado para nuestra plenitud y el bien de tantos y tantas a quienes serviremos, no ya con nuestros bienes, sino con todo nuestro ser.

Luego (vv. 24-25), Jesús agrega: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”

Mi intención ha sido solamente “abrir el apetito” ahora cada uno tiene la posibilidad de meditar este Evangelio y sentir como la Palabra de Dios, escrita hace mucho tiempo, sigue siendo actual y ofrece respuestas a quien con honestidad y coraje se pregunta. Como siempre, te dejo el texto y algunas preguntas que te pueden ayudar a relacionar el Evangelio con tu propia vida:


¿Experimento y agradezco cotidianamente el amor de Dios que me ha amado/llamado desde siempre?

¿Quiénes son “los pobres” a los cuales estoy llamado a obsequiar mis dones y mi tiempo?

¿Tengo claro a qué me está llamando Dios? Como el hombre que corrió al encuentro de Jesús ¿a quién puedo “correr a preguntar” para discernir mi vocación?

¿He pensado que en mi respuesta a la invitación de Jesús puede estar en juego la salvación de muchas personas incluyendo la propia?


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 17-30

Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?”

Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre”.

El hombre le respondió: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud”.

Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”.

Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”.

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible”.

Pedro le dijo: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”.

Jesús respondió: “Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna”.

0 vistas
Contáctanos

"No se siembra nunca en vano a jesús en el corazón de los jóvenes"
Don orione

Pequeña Obra de la Divina Providencia en Chile - 2018