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"No se siembra nunca en vano a jesús en el corazón de los jóvenes"
Don orione

Pequeña Obra de la Divina Providencia en Chile - 2018

  • Vocaciones Don Orione

¿Existe el infierno? La "Buena Noticia" del fin de semana

Actualizado: 29 de sep de 2018



Más de alguna vez me han preguntado si existe el infierno. Y aunque no he ido a comprobarlo personalmente, sé que el infierno si existe. Aunque lo más probable no sea como normalmente lo imaginamos: con llamas, ríos de lava y feos demonios con cuernos y tridentes en sus manos. Tan real es, que el Evangelio de este domingo lo menciona e inclusive sugiere la posibilidad de ser arrojado allí.


Jesús lo dice claramente: es preferible cortarse la mano o el pie si estos miembros son para uno ocasión de pecado, y luego agrega, que es mejor arrancarse un ojo si este nos hace pecar, pues es mejor entrar en el Reino de Dios tuerto, manco o lisiado que ser arrojado al infierno con las dos manos, los dos pies y los dos ojos (Mc 9, 43-48).


Ciertamente, esta enseñanza no la podemos interpretar literalmente, sino el mundo estaría lleno de gente mutilada ¿cómo entender adecuadamente este pasaje y qué lección podemos obtener de el?


Lo primero es saber que la Iglesia ha recibido las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles, las ha conservado y las transmite de generación en generación. En relación a la condena eterna (el infierno), la enseñanza de la Iglesia radica en que es siempre una posibilidad para quien rechaza la salvación que Jesús nos ha obtenido con su muerte y resurrección.


¿Cómo alguien puede rechazar algo tan bueno y tan grande como la vida eterna?


Aunque parezca extraño, esto es posible porque Dios nos ha creado con libre albedrío, es decir, con capacidad de elegir nuestro propio camino, no obstante, este nos lleve a la autodestrucción. Es así que el infierno es el estado reservado para los que deciden vivir y morir sin Dios, el rechazo pertinaz de la salvación que Jesucristo nos ofrece. En definitiva, Dios no nos condena al infierno, somos nosotros los que haciendo uso de nuestro libre albedrío rechazamos el amor y la misericordia de Jesucristo, elegimos la auto condenación.


Al contrario, la vida eterna (a la cual tradicionalmente llamamos el Cielo) es lo que espera a todos aquellos que decidamos vivir según el sueño de Dios para cada uno: una vida en comunión con Dios y con nuestro prójimo, en la cual elegimos creer en Jesucristo y en su salvación, confiamos en su misericordia y nos decidimos a hacer el bien y vivir en el amor, el mandamiento principal.


Y en relación a esto de preferir la mutilación de un miembro antes que ser arrojado al fuego eterno, la interpretación clásica es que debemos arrancar de nuestra vida todo aquello que nos aleja de Dios, lo que nos aliena y no nos permite ser personas que siguen la voluntad de Dios. Y en este sentido, quienes hemos decidido seguir a Jesucristo y vivir según su Evangelio, hemos de saber que luego de la conversión inicial (la que acontece muchas veces después de vivir un tiempo intenso como un retiro espiritual, unas misiones o haber vivido alguna experiencia en donde hemos sentido fuerte el amor de Dios) no nos transformamos en santos, ni mucho menos. Luego de encontrar a Dios seguiremos siendo tentados y atraídos por las cosas que nos alejan de nuestra vocación de compromiso con el proyecto de Jesús.


En definitiva, luego de la conversión inicial y durante toda la vida, hemos de estar vigilantes y renovar cada día la confianza en Dios. Siendo conscientes que cada tanto necesitamos de la purificación, es decir, tiempos y acciones en que hemos de arrancar de nosotros mismos aquello que no nos permite vivir en comunión con Dios. Hemos de tener coraje para reconocer y cortar de nuestra vida el pecado y sus raíces que nos vacían y tantas veces son la causa de la infelicidad.


Tantas son las personas que conocen a Jesús, se entusiasman con los ideales del Evangelio y que luego de un tiempo se cansan y vuelven a la vida anterior. Jóvenes con buena voluntad, con entusiasmo al principio, pero incapaces de pasar al siguiente nivel, al nivel de la purificación de aquellas incoherencias que nos seducen, nos hacen esclavos y no nos permiten ser profundamente libres para seguir con radicalidad a Jesucristo.


En el día de oración por Chile, te invito a que recemos especialmente por aquellos cristianos que desean comprometerse con la justicia social, con un servicio más intenso en la Iglesia o en alguna otra organización de ayuda al prójimo, para que sean capaces de reconocer y vencer aquello que no les permite ser plenamente disponibles para el servicio.


Como siempre te invito a leer el Evangelio y a meditarlo, estas preguntas te pueden ayudar a profundizar tu meditación.


¿Experimento el amor infinito de Dios que cada día me invita a elegir su camino de salvación?

¿Qué aspectos de mi vida debiera cortar o extirpar para poder seguir a Cristo?

¿Confío en que Dios me da su gracia para vencer todas las tentaciones?


Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48):

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.» Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»