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"No se siembra nunca en vano a jesús en el corazón de los jóvenes"
Don orione

Pequeña Obra de la Divina Providencia en Chile - 2018

  • Vocaciones Don Orione

La “Buena Noticia” del fin de semana: Ni sordos, ni mudos.


En mis contactos de whatsapp tengo a muchos fans de los emojis. No solo los jóvenes los utilizan, también los que estamos próximos a egresar de la categoría sub 30 los usamos muchísimo, no digo que bien, pero si frecuentemente. Yo los uso para enfatizar algún sentimiento o sintetizar alguna emoción o idea. ¿Mis emoticones favoritos? Los tres monos: uno se tapa los ojos, otro los oídos y el otro la boca. Me puse a investigar, para ser riguroso y estar al nivel de este prestigioso blog (en wikipedia no más), y encontré que su origen está en Japón, se trata de los tres monos sabios cuyos nombres son: Mizaru, Kikazaru e Iwazaru.



La razón por la que escribo de los monos de whatsapp es porque preparando la homilía del domingo -la tarea sacerdotal de los sábados en la tarde- al leer el Evangelio, me acordé de estos monos, en particular de dos: el que se tapa los oídos y el que se tapa la boca. En este relato, muy antiguo, pero súper actual Jesús se encuentra con un hombre sordomudo, lo separa de la multitud, coloca los dedos en sus orejas y con su saliva le toca la lengua (en la antigüedad la saliva era considerada medicinal), luego suspiró y le dijo “efatá” que significa “ábrete” y enseguida se le abrieron los oídos y se les soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Al respecto, considerando nuestra realidad actual les ofrezco una sencilla interpretación del relato y una sorpresa para los que lleguen al final.


En nuestro propio país y en los países vecinos hay situaciones de injusticia muy grandes: la crisis social y política que viven países como Venezuela, Nicaragua y Haití, por ejemplo. La desigualdad, los problemas en salud, en educación, la contaminación de las empresas que afecta sobretodo a los más pobres y el abandono que siguen padeciendo algunos niños del Sename en Chile, por nombrar solo algunas situaciones injustas.


Ante estos problemas, o los que acontecen en nuestras realidades más cercanas o inclusive en nuestra propia familia, podemos estar como el sordomudo del Evangelio: con los oídos y la boca tapados. Indiferentes ante el sufrimiento, silenciosos en relación a las problemáticas que oprimen y vulneran los derechos esenciales de nuestro prójimo. Observar, oír a nuestro entorno y hablar fuerte no son opciones, son responsabilidad.


Ante esta realidad que nos puede parecer enorme y abrumadora, ¿qué podemos hacer? Para los creyentes es claro:


Primero reconocer en qué hemos sido ciegos, sordos, mudos o mancos.


En segundo lugar, con humildad reconocer que solo con las propias fuerzas no podemos hacer mucho, nos cansaremos rápido y por tanto, necesitamos estar unidos, formar comunidad y pedir a Jesús que haga con nosotros lo mismo que hizo con el sordomudo: nos destape nuestras sorderas y cure nuestros silencios.


Y por último, unidos y sabiendo que todo es gracia que viene de lo alto nos decidamos a actuar. Quizás comenzando por algo pequeño y concreto, pero útil a otro que lo necesita. Si somos muchos podremos cambiar la historia comenzando por nuestro propio mundo.


¿Y la sorpresa prometida? es otra interpretación. Muy sencilla también: el sordomudo representa nuestra sordera y nuestros silencios delante del Evangelio. Que Jesús toque con sus manos nuestros sentidos y que su “efatá” destrabe nuestros sentidos para acoger en el corazón su buena noticia y proclamarla, comenzando con el buen ejemplo y siguiendo con un anuncio explícito de su Palabra.


Te dejo el relato del Evangelio de este domingo y te invito a que me dejes en los comentarios otras interpretaciones acerca del Evangelio, seguro que a mi o a algún lector le puede ser de mucha utilidad.


¡Un saludo afectuoso!

Padre Claudio Antonio @QuintanillaY


“En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro y marchó de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Le llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar y le suplicaron que le impusiera la mano. Jesús lo apartó de la gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: Effatha (que significa: ábrete). Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Él les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo pregonaban. Y en el colmo de la admiración decían:

Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

(Marcos 7, 31-37)

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