• Vocaciones Don Orione

¿Nos vamos de viaje?

Es probable que alguna vez te hayas preguntado para qué has nacido, cuál es tu misión en este mundo, o al menos qué quieres hacer el resto de tu vida. Somos muchos los que nos hemos hecho estas preguntas u otras similares, buscando una respuesta que nos haga sentir que lo que somos y hacemos tiene un sentido y además nos haga sentir plenos y felices. Reconocemos en esas preguntas un anhelo profundo en nuestro corazón que las alegrías efímeras o las victorias alcanzadas no pueden llenar.



Nuestra vida sí tiene un sentido, todos hemos sido creados con un propósito. Imaginemos un inventor, un artesano o un artista, ellos en distintos ámbitos cada vez que crean algo siempre lo hacen en vista a un propósito. Un nuevo invento siempre buscará resolver algún problema planteado y mejorar la calidad de vida; una artesanía también responde a una necesidad específica de la existencia; y una obra de arte intentará generar una emoción, su autor tratará de transmitir una idea o un sentimiento a través de ella. De la misma forma, el Autor de la Vida al crearnos nos dota de un propósito, nos crea para algo, y como en el caso del inventor, el artesano o el artista, no es ni el invento, ni la artesanía ni la obra de arte los que se dan a sí mismos ese propósito, ya que han llegado a ser o existir por otro y no por sí mismos, tampoco somos nosotros, que hemos sido creados por Otro, los que nos damos ese propósito, sino que lo recibimos de Aquel que nos ha soñado y creado.

Imaginemos que el artesano crea una olla, pero la olla no quiere ser olla, quiere ser un tenedor, por más que lo intente llevará una existencia de frustración, pues no está hecho para ello. Así también en nuestro caso, si nos empeñamos en vivir lo que no es nuestro propósito, también llevaremos una vida de frustración y no seremos verdaderamente plenos, seguiremos sintiendo un vacío que ninguna alegría o triunfo temporal pueden llenar. Por lo tanto, debemos reconocer que hemos nacido con un propósito en el cual encontramos nuestra plenitud, ese propósito nos ha sido dado y representa nuestra vocación más profunda.

Esa vocación para la cual hemos sido creados, es a grandes rasgos el amor, un amor que se debe concretar por caminos únicos para cada uno. Si pensamos en nuestro Creador, Dios Uno y Trino, y que hemos sido creados a su imagen y semejanza, no nos queda duda que hemos sido creados para amar, pues Dios es Amor. Él nos ha creado por amor y para amar, en su designio o proyecto está el que nosotros alcancemos nuestra plenitud a través del amor. Por esta razón, cuando hablamos del designio de Dios, de su proyecto de salvación, no debemos pensar esto solo en un sentido puramente negativo, ser salvados del pecado y de sus consecuencias, lo que no está errado ya que el pecado no nos permite llegar a ser lo que Dios sueña de nosotros, sino que también debemos pensarlo en un sentido positivo, porque la salvación es mucho más, es la posibilidad de ser aquello para lo cual fuimos creados, de vivir nuestra vocación, ser salvados es llegar a ser plenos, y esa plenitud es la que todos anhelamos.

Dios nos crea para amar, esa es nuestra vocación primordial, su designio es que seamos plenos amando, pero este amor se expresa por diversos caminos que debemos descubrir, y es tarea de cada uno, en nuestra libertad, el buscar aquel propósito específico, esa expresión del amor que solo tú puedes hacer tangible con tu vida. A diferencia de la olla, o de cualquier invento u obra de arte, nuestro Creador nos ha regalado la libertad, con ella podemos decidir o no ser aquello que nos hace plenos. Como, seguramente, no hay nadie que desee una vida desdichada sino todo lo contrario todos queremos ser plenos y felices nos damos cuenta que es importante, entonces, ponernos en camino para descubrir de qué manera concreta viviremos el amor, por qué camino, con quiénes, desde qué vocación específica, etc. Sin duda es el viaje más importante que debemos emprender en nuestra vida para poder alcanzar esa felicidad que puede colmar los anhelos más profundos de nuestro corazón. Somos muchos los que hemos decidido iniciar el camino de este viaje, ¿te sumas?


Por Carolina Ramos V.


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