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20° domingo del Tiempo Ordinario

"Acoger a todo el que busca al Señor con humildad y fe"


 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 21-28

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Pero Él no le respondió nada.

Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”.

Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.

Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”

Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”.

Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, ¡los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”.

Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!” Y en ese momento su hija quedó sana.

Palabra del Señor.

 

 

Para reflexionar:

 

1-La mujer reconoce el poder del Señor, grita para que le escuche y pide con humildad… ¿De qué manera te acercas al Señor? ¿Cómo es tu actitud?


2-Ella pide por su hija… ¿Qué sueles decirle al Señor en la oración? ¿Por quienes oras?


3-Los discípulos, por la insistencia, interceden… ¿Le pides al Señor por la intención de tus hermanos? Como comunidad ¿nos preocupamos por el sufrimiento y necesidades de los demás? ¿qué hacemos?


4-La fe de la mujer cananea en el Señor era grande a pesar de la respuesta que Él le había dado… ¿Cómo es tu fe? ¿qué haces cuando sientes que tu oración no tiene la respuesta que buscabas? ¿cómo reaccionas? ¿cómo influye en tu fe?


5-La mujer no pertenece al pueblo de Israel, pero el Señor acoge su petición por la fe que ha manifestado, ¿Cómo es nuestra actitud frente a personas que no son parte de la comunidad creyente? ¿solemos discriminar a los que piensan de otra forma?


6-¿Qué te pide el Señor por medio de su Palabra hoy?

 

 


El Evangelio de hoy se encuentra luego de una discusión de Jesús con los fariseos acerca de las tradiciones judías que habían sido interpretadas de manera abusiva llevando todo el peso del pecado al incumplimiento de leyes sin corazón que nos hace digno o indignos ante Dios, según esa interpretación y donde evidentemente solo había cabida para el pueblo israelita. El relato de hoy nos pone ante una actitud diferente, que no se mide de acuerdo a cuanto se cumple y cuanto no, no hay una medida, no hay un conteo egoísta de un mínimo para poder acercarnos al Señor, como si nuestros méritos fuesen suficientes para adquirir aquello que es inalcanzable para el hombre y que es solo gracia de Dios. La salvación no se compra con lo que hacemos o dejamos de hacer, se trata de nuestra fe, de nuestro corazón abierto a la acción libre y primera de Dios, de su amor.


La mujer que es de otro pueblo, uno pagano, se acerca al Señor con un corazón confiado, ella no está mirando su propia debilidad, pues nadie seria digno de estar junto al Señor si así fuese, ella mira al Señor con fe y se acerca con confianza. Ella no sabe de listas de cosas cumplidas, de conteo, ella pone su fe en la persona del Señor, pareciera comprender en lo que ha escuchado de él, su misericordia, su amor gratuito.


La actitud de Jesús es misteriosa, algo incomprensible, pero detrás de su actitud hay una enseñanza, espera el momento, espera la confirmación, la mujer no retrocede ante la negativa del Señor, insiste y reconoce su pobreza manteniendo su fe y esperanza en el Señor. Él elogia su actitud, a diferencia de lo expuesto en el texto anterior donde en la controversia con los fariseos la actitud era de dominio -cumplo y tengo derecho- aquí la actitud es de abandono confiado, reconociendo que del Señor viene la salvación de manera gratuita. Esa fe sincera y humilde le ha permitido a la mujer abrirse a la acción sanadora de Dios.


Los discípulos intervienen en favor de ella, no por compasión sino por insistencia, para que ya no los siguiera y los dejara en paz. No es la forma a la que la comunidad está llamada para acoger a quienes se acercan al Señor.  También en la actitud de Jesús se muestra la actitud de una comunidad que se cierra en sus propios límites y no deja espacios a la acción del Espíritu más allá de las fronteras conocidas y que nos dan una pseudo seguridad. Mateo parece colocar en Jesús las aprensiones de la comunidad a la que le escribe, judíos convertidos que aún tienen dificultad para pasar a la libertad del Evangelio que invita a todos los hombres al encuentro con Dios, y que les cuesta aceptar dentro de la comunidad a creyentes convertidos del paganismo. La invitación queda clara en la actitud final del Señor, la fe no tiene fronteras, abramos las puertas a todos para formar un solo Pueblo que acoge el mensaje de salvación.



 
 
 

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