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Sexto Domingo de Pascua

No estamos solos… si nos dejamos guiar por el Espíritu

 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 15-21

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce.

Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque Yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que Yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y Yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él.

Palabra del Señor





 

Para reflexionar:

 

1-      ¿Cómo es tu amor por el Señor? ¿Es un amor fiel, fuerte, desinteresado o es un amor frágil, que le cuesta seguir sus mandamientos?

 

2-      ¿Cómo manifiestas tu amor por el Señor de manera concreta?

 

3-      ¿Cómo es tu relación con el Espíritu? ¿Reconoces su presencia en medio de tu vida?

 

4-      ¿A qué te sientes llamado con este texto? ¿Qué provoca en ti?

 


 

En el centro del evangelio de hoy, Jesús en medio de la Última Cena anuncia su regreso en sintonía con la venida del Espíritu, y manifiesta que todas las enseñanzas o mandamientos que nos ha dejado no se pierden con su partida, sino al contrario se hacen permanentes, y solo el que las acoge y vive puede recibir el Espíritu.


El texto es continuación del evangelio del domingo pasado que se insertaba en medio del anuncio de Jesús que se iba pero antes les daba un mandamiento nuevo. El texto hoy comienza proclamando nuevamente la idea de cumplir sus mandamientos, aquí se manifiesta la fidelidad y el verdadero amor del discípulo. Amar a Jesús implica seguir su voz, seguir sus mandamientos, y el más esencial de ellos, el que lo resume todo: amarnos como Él nos amó.


No se trata por tanto de seguir una serie de normas, un código o ley ética, sino una manera de vivir en el amor, esa que nos enseñó el Señor en cada paso de su vida hasta la entrega en la Cruz.


Para cumplir este mandamiento, para no apartarnos de la verdad que conlleva, Jesús promete una presencia distinta, una presencia a través del Espíritu, el cual nos guiará en la verdad del amor salvífico. Quienes se dejan seducir por otras voces, no son capaces de reconocer al Espíritu, pero quienes se han dejado encontrar y transformar por el amor del Señor son quienes le reconocen y pueden seguirle, son quienes reciben al Espíritu entrando en la relación de amor del Padre y del Hijo.


Viviendo y amando como Cristo nos enseñó -siguiendo sus mandamientos- nos abrimos a la acción del Espíritu, mostrando a otros por medio de nuestro testimonio el amor de Dios que libera y acompaña, que llama y lo cambia todo.

 


 

 
 
 

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