La vocación religiosa, un misterio por descubrir



Compartiendo la vida con amigas y amigos consagrados siempre se llega al punto de saber por qué cada uno “está donde está”. Cada uno de ellos y ellas, cada historia tiene ese “no sé qué”, ese atractivo que te hace escuchar con atención los modos novedosos que tiene Dios de cruzarse en la vida de las personas. Siempre es un misterio y hay infinitas formas de escuchar la llamada de ese Jesús amigo que nos invita a seguirlo.


Solo por compartir algunos ejemplos: Luciana, una amiga de Argentina estudió en la enseñanza básica en un colegio de su congregación. La educación media (secundaria) la hizo en un colegio de otra ciudad y cuando fue a estudiar el profesorado a la Universidad en Buenos Aires se reencontró con el carisma que la había educado cuando era niña. Tanto en el colegio de la secundaria como en la residencia universitaria donde vivía compartió con otras dos familias religiosas, pero ninguna de ellas llamó su atención, más solo la primera, la que conoció en su niñez: ¿Y por qué esa? Sin duda era el camino que Dios le tenía trazado. Dejó su carrera universitaria y se lanzó a la aventura de seguir a Jesús en la vida consagrada.

Sebastián, un hermano de mi congregación desde la enseñanza media soñaba en grande: con un tremendo sentido social, quería generar cambios para ayudar a las personas desde la política, deseando favorecer siempre a los más desposeídos. ¿Y qué pasó? Durante su participación en la parroquia, Dios le salió al encuentro y le fue mostrando por medio de signos y personas que su vocación de servicio no era solo mientras estuviera trabajando en una oficina, sino entregando la vida por completo a Dios y a los hermanos más pobres en nuestra familia de Don Orione.


Angelina, otra amiga, llegó a mi colegio en la enseñanza media. Justamente nos conocimos en la pastoral, animando a los jóvenes de prejuvenil. Fueron años caminando juntos en esta misión, creciendo en edad y también en el deseo de trabajar por Jesús. La vocación también la compartíamos hace tiempo, pero ella se resistió un poco más que yo: estudió 2 carreras, e incluso trabajando como educadora diferencial en una escuela especial el Señor siguió insistiendo en su corazón y después de varios años, hoy está respondiendo a esta invitación de donar la vida al servicio del Señor y de los hermanos más necesitados en la vida religiosa.


Y así podría continuar. Son muchos los que pueden compartir sus testimonios y contarnos como Dios ha ido interpelando su corazón con la misión que les tenía reservada. Esta es solo una pequeña muestra de cómo ha actuado en la vida de algunos y algunas, con esas maneras siempre nuevas que tiene para animarnos en la entrega. La invitación es que cada uno desde su propia realidad pueda acoger con generosidad lo que el Señor vaya mostrando por medio de signos, personas y momentos ese sueño misterioso que tiene preparado para nuestra vida y que cada uno debe descubrir.



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