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14° domingo del Tiempo Ordinario

Seamos humildes… y dejémonos conducir por su Amor

 


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30

Jesús dijo:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce el Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.


Palabra del Señor.

 


Para reflexionar:


1- ¿Cómo es mi relación con el Señor?


2- ¿Qué me mueve en mi vida espiritual? ¿Busco cumplir para “ganarme” un lugar en la comunidad o realmente busco amar siguiendo la voluntad del Señor?


3- ¿Qué haces cuando te sientes cansado o agobiado, cuando el mundo te invita a ir por otros caminos y sientes una lucha en tu interior con tu fe?


4-Ante las diversas situaciones de la vida, ¿buscas la voluntad del Señor? ¿de qué manera?


5-¿Qué te quiere decir el Señor hoy por medio de su Palabra?

 





El texto comienza con una plegaria de alabanza en boca del Señor donde revela la predilección por los más humildes, a ellos se les dirige en primer lugar el Evangelio y son ellos los que tienen el corazón dispuesto para acoger la Buena Nueva, sin encerrarse en viejas costumbres o tradiciones ni en falsas seguridades.


No necesariamente son los más entendidos los que comprenden en profundidad el mensaje, sino a aquellos que se dejan transformar por él. Un conocimiento de la Ley en medio de una falsa religiosidad no asegura estar en el camino de Dios, los doctores y maestros de la Ley de aquella época entendían la relación de Dios con el hombre mediado por exigencias y leyes estrictas y no desde el amor, por esta razón se miraba en menos a los humildes que no tenían un conocimiento como ellos. Pero Jesús manifiesta que la salvación no se compra con el cumplimiento, no depende del conocimiento, sino de la acogida sincera y humilde de la Palabra, una acogida que se hace vida, que transforma y realmente impregna el corazón y la existencia de las personas que se entregan en las manos de Dios y a su voluntad. Y esta Buena Nueva se manifiesta si se le acoge a Él.


También podemos sentirnos agobiados cuando intentamos llevar una vida cristiana en medio de una sociedad que se ha alejado de los valores del Evangelio y que pone como meta otras cosas que dan prestigio o “felicidad”, pero que se vuelven una carga pesada pues pareciera nunca ser suficiente, siempre queremos más, siempre la oferta crece y no queremos quedar atrás. Esto nos pasa porque queremos seguir esas voces que nos invitan a buscar esos bienes, en vez de escuchar y aprender de Jesús.


Si somos capaces de acoger al Señor con sinceridad, Él nos revelará un Dios que es Amor, que se relaciona con la humanidad desde la gratuidad, que no impone cargas insoportables, como lo hacían los expertos con las estrictas observancias de la Ley o como lo hace el mundo actual con sus caminos de falsa seguridad y felicidad. Ante esto Jesús dice “Aprendan de mí…” en su amor encontramos verdadera libertad, descanso de las imposiciones que alejan, que oprimen, que desgastan y no ayudan a acercar el corazón a la verdadera fuente de Vida y plenitud. Se trata entonces de buscar una relación viva y cercana con el Señor con un corazón humilde y disponible a escuchar y seguir su voluntad.



 
 
 

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