2° Domingo de Cuaresma
- donorionechile

- 26 feb
- 3 Min. de lectura
Contemplar el Rostro del Señor para permanecer a su lado...
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 17, 1-9
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
Palabra del Señor
Para reflexionar:

- ¿Cómo reaccionas ante las enfermedades, las preocupaciones y tristezas de la vida? ¿Confías en Dios plenamente o te cuesta abandonarte en su corazón con fe?
- ¿De qué manera buscas alimentar la esperanza en tu corazón en los momentos difíciles? ¿Buscas espacios de encuentro con el Señor para contemplar su Rostro y fortalecerte?
- “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo” ¿Cuáles son las voces que sigues en tu vida? ¿Qué lugar tiene la voz del Señor en tus decisiones?
- En este tiempo de Cuaresma, ¿Cómo te estás preparando para vivir con alegría y fe la Resurrección del Señor al final del camino?
Jesús sube a la montaña junto a algunos discípulos para orar, y ahí se produce la Transfiguración. El aspecto de Jesús cambia en el resplandor, y la presencia de Moisés y Elías, representantes de la Antigua Alianza, coloca al Señor en el plan de salvación preparado por Dios. Días antes, Jesús había anunciado lo que tendría que sufrir, lo que podría haber causado algo de desesperanza o angustia en los discípulos, pero esta imagen les devuelve la esperanza anticipando el gozo de la Resurrección, por lo que Pedro exclama ¡qué bien se está aquí! Luego, desde la nube, se oye al Padre reafirmando la identidad de Jesús y el llamado a escucharlo.
La vida del discípulo no está exenta de dolor, de momentos de aflicción o de cruz, mas esto no debe llevar a la desconfianza. Nuestra fe está marcada por la esperanza en Aquel que, cumpliendo la voluntad del Padre, alcanzó la victoria de la Resurrección luego de atravesar la Pasión.
Para seguir al Señor y escucharle, respondiendo al llamado que nos hace el Padre, tenemos que “subir a la montaña” y contemplar su Rostro para fortalecernos con su presencia salvadora, para entonces poder peregrinar con esperanza en medio de las vicisitudes de la vida.
El Señor nos invita a permanecer en Él y alimentarnos con su amor y presencia, especialmente, a través de la Eucaristía, también de su Palabra, del sacramento de la Reconciliación, en el diálogo amoroso de la oración diaria, para luego cumplir nuestra misión, llevando a otros la Buena Nueva del amor de Dios en medio de las cruces diarias, con fe y esperanza.
Te proponemos que en estos días puedas contemplar el rostro del Señor por medio del silencio y la oración. Busca un momento del día y un lugar adecuado para permanecer a su lado, puedes volver a leer el texto bíblico, usar una meditación o un canto que te ayude, o simplemente ofrecerle ese tiempo reflexionando en su amor y misericordia a lo largo de tu vida.




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