21° domingo del Tiempo Ordinario
- donorionechile

- hace 10 horas
- 3 min de lectura
Feliz quien vive a su lado… descubriendo en el Señor el camino del amor
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-20
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”
Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”.
“Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
Entonces, ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.
Palabra del Señor
Para reflexionar:

1.¿Qué dice el mundo sobre Jesús? ¿Cómo reaccionas ante ello?
2-¿Quién es Jesús para ti? ¿Cómo influye en tu vida?
3-¿Es firme tu fe o depende de las circunstancias? ¿es tu fe hoy una roca firme que pueda
ser soporte para la comunidad eclesial? ¿cómo es tu compromiso con ella?
4-¿Qué lugar tiene el Papa en tu manera de vivir la fe?
5-¿A qué te llama el Señor con su Palabra?
La pregunta que hace Jesús nos pone ante una realidad que pesa, lo que los otros dicen de Él puede influir en nuestra manera de verle, si dejamos que sus voces influyan en nuestra relación con Él. ¿Qué dice la sociedad del Señor? ¿Qué lugar le da? Muchas veces lo aparta, relegando la fe a un ámbito privado, secundario, incluso en muchos casos viéndolo como algo obsoleto, como si creer en Dios fuese algo de antaño, fuera de lugar en un mundo marcado por la modernidad, la tecnología y los avances.
Después de conocer lo que dice la gente sobre él, Jesús quiere conocer la opinión de sus discípulos. Pedro, en nombre de todos, hace su profesión de fe. Mateo pone en boca de Pedro el reconocimiento de Jesús como Aquel en el que se da el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, importante para la comunidad a la que se dirige frente a las dudas que viven.
La respuesta de Pedro es una respuesta marcada por la confianza plena en el Señor, una relación profunda que le ha permitido reconocer al Salvador de su vida y del mundo, su presencia ha transformado su existencia, y el Señor lo sabe y con el nuevo nombre que le da le revela una vocación, la misión de guiar a sus hermanos en la fe como roca sólida que sostiene a la comunidad. En Pedro y en sus sucesores encontramos una roca fundamental, un pilar que sostiene la fe de la comunidad que Jesús inaugura, su Iglesia, recibiendo la tarea dada por el Señor de presidir en la fe y el amor a sus hermanos.
Y la pregunta que el Señor le hace a los discípulos es la misma que nos hace hoy a nosotros. Pero no basta con una respuesta aprendida, incluso si la creemos, la respuesta ha de ser vivida, ha de ser manifestada con nuestra propia vida. En cada pequeño acto diario respondemos a quién es el Señor para nosotros, si consagramos nuestro día a Él, si agradecemos lo que nos regala cada día, si tratamos con bondad al que se cruza en nuestro camino, en cada acto respondemos a esta pregunta, porque quien es el Señor para nosotros debe influir en nuestra manera de ver y vivir la vida, de habitar este mundo.
El Señor, ante la respuesta de Pedro lo llama “feliz”, y es que, si somos capaces de reconocer al Señor como tal, si nos hemos dejado encontrar por su amor y hemos comenzado a vivir tras sus pasos, significa que hemos encontrado el camino de plenitud. El Señor nos revela el amor misericordioso de Dios Padre y a la vez el verdadero camino del hombre para ser aquello para lo cual fue creado, reconocerlo es un don. La fe es don que podemos pedir, acoger y vivir con compromiso para ser piedras firmes que construyen una comunidad que sea luz en medio del mundo para que otros puedan también responder a la pregunta del Señor con sus vidas.




Comentarios