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24° domingo del Tiempo Ordinario

hace 11 minutos
4 min de lectura

Seamos misericordiosos… como el Señor lo es con nosotros


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 21-35


Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”

Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Dame un plazo y te pagaré todo”. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes”. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda”. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

Palabra del Señor


 


 

Para reflexionar:

 

1-¿Te cuesta reconocer tus errores y pedir perdón? ¿Por qué?


2-¿Cómo suelen reaccionar los demás cuando pides perdón? ¿Te tratan con compasión o les cuesta confiar nuevamente en ti?


3-Y a ti, ¿Te cuesta perdonar a los demás cuando te han fallado y te piden perdón? ¿Cómo reaccionas?


4-¿Te cuesta acercarte al sacramento de la Confesión para pedir perdón al Señor por tus pecados? ¿Por qué?


5-¿Reconoces el amor misericordioso de Dios, siempre dispuesto a perdonar? ¿Qué sientes al respecto? ¿A qué te invita su misericordia?


 

El texto de hoy es continuación del evangelio del domingo anterior que hablaba de la corrección fraterna. Hoy el centro está puesto en el perdón. Recordemos que nos encontramos en el Sermón de la Comunidad donde Mateo expone aquellas actitudes que los miembros deben tener, especialmente frente a las dificultades que se viven en el interior de la comunidad en aquellos años y que provocaba división. En el texto de hoy la invitación es a la acogida fraterna y a la misericordia entre los hermanos, es a cultivar la capacidad de perdonar a quien reconoce su error e intenta remendar la situación para crecer en la comunión, aunque esto a veces nos cueste.


Ante la pregunta que realiza Pedro, Jesús responde por medio de una parábola para poder iluminar su respuesta desde un lenguaje que todos puedan comprender. Si a un hombre el rey le perdona una deuda gigante, se espera que este sea capaz de sentir compasión por quien se encuentra en una situación semejante ante él (guardando las proporciones pues siempre se trata de una deuda menor) y perdone a su compañero. De igual manera, si somos conscientes del amor misericordioso de Dios que es capaz de perdonarnos de manera incondicional cualquier acto y todas las veces necesarias, deberíamos sentir compasión y ser capaces de perdonar a quienes nos ofenden.


La pregunta de Pedro ya muestra nuestra limitación, busca un número, un tope a nuestra capacidad de perdonar y la respuesta de Jesús nos saca de esa lógica que se basa en medidas y nos abre a un amor incondicional que reconocemos en Dios. En la parábola la deuda de diez mil talentos representa la situación que el ser humano vive ante Dios, una deuda provocada por el pecado, gigantesca y que ninguno de nosotros puede pagar o remediar. El texto nos muestra que, a pesar de ello, el rey -que representa a Dios- se compadece ante la súplica del servidor y va más allá de lo que el servidor le pide, no le da más tiempo para reunir lo que debe, pues sabe que es inalcanzable para él, sino que le perdona su deuda. Esto es una invitación a meditar con un corazón agradecido la profundidad del amor que Dios tiene por nosotros y, un llamado a acercarnos con confianza y humildad para recibir su perdón.


La parábola continúa con el servidor cobrándole una pequeña deuda a su compañero, y ante la súplica de éste, en vez de recordar cómo el rey se portó con él, con bondad y compasión, actúa desde el otro extremo, sin siquiera dar más plazo sino llegando hasta las últimas consecuencias enviando a su compañero a la cárcel. El corazón humano muchas veces es mezquino, se deja llevar por la venganza, por la falta de compasión hasta olvidar la compasión recibida. Las consecuencias de esta actitud, poco reflexiva del servidor, queda expuesta al final, quien no aprende a ser compasivo, quien no se abre a la misericordia y la vive en su vida entonces no puede esperar que sean misericordiosos con él. La invitación, por tanto, es a reconocer el amor incondicional de Dios, reconocer nuestra debilidad y aprender de Él para abrir el corazón con compasión a nuestros hermanos.

 

 


 
 
 

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