30° domingo del Tiempo Ordinario
Amar a Dios y amar al prójimo... con actos concretos
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 34-40
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento, El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.
Palabra del Señor
Para reflexionar:

1-¿Qué significa “amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”? ¿qué consecuencias conlleva vivir este amor?
2-¿Cómo vives tú el amor a Dios? ¿Es solo un sentimiento o emoción en ciertos momentos de recogimiento o se manifiesta de maneras concretas?
3-¿Cómo cultivas este amor cada día?
4-¿Qué implica “amarás a tu prójimo como a ti mismo”? ¿de qué manera vives este mandamiento en tu hogar, con tus amigos y con los más necesitados?
5-¿De qué manera se unen los dos mandamientos en tu vida?
6-¿A qué te llama el Señor hoy con su Palabra?
El domingo pasado el evangelio nos mostraba a los fariseos intentando poner en aprietos a Jesús con la pregunta sobre los impuestos a lo que Jesús respondía con ingenio “Dar al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios”. En Mateo, luego de esta escena continúa presentando la oposición de los grupos importantes y autoridades judías donde los saduceos, quienes no creen en la resurrección, también intentan poner a prueba a Jesús, sin lograrlo. Cuando los fariseos se enteran vuelven a presentarse y a hacer una pregunta compleja por el mandamiento más importante.
Recordemos que en tiempos de Jesús los mandamientos ya alcanzaban un número considerable, al menos 248 prescripciones prohibitivas, y 613 en total, imposible recordarlos todos y vivirlos, por lo que la pregunta es significativa. Jesús da una respuesta donde une lo esencial, sin renunciar a dar prioridad al amor a Dios al cual subordina el amor al prójimo. Finalmente, toda la ley encuentra su sentido en el mandamiento del amor. Jesús no busca abolir la Ley sino llenarla de sentido, en el amor concreto a Dios y a los hermanos. Cumplir los mandamientos o normas solo por cumplir es estéril, deja una vida vacía, es el amor lo que llena de significado.
Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y toda la mente quiere decir con todo nuestro ser, que nuestra vida esté impregnada de ese amor y que este no quede relegado a un mero sentimentalismo o a momentos específicos de encuentro con el Señor. Toda nuestra vida debe ser reflejo de ese amor, lo que vemos, lo que decimos, lo que decidimos, lo que hacemos, cómo nos tratamos a nosotros mismos y cómo tratamos a los demás, especialmente a los más frágiles. Esto no es fácil, especialmente en un mundo que avanza a gran velocidad y nos distrae con sus múltiples ofertas. Nuestro corazón debe estar bien firme en Dios y cada día volver a Él, colocándolo en el centro de nuestras actividades y opciones.
Jesús en su respuesta no se queda solo con el amor a Dios con todo nuestro ser, sino que lo une al amor al prójimo. Ambos mandamientos ya estaban presentes en la Ley aunque en libros diferentes (Deuteronomio y Levítico), por lo que podía ser vivido uno sin el otro, pero Jesús enseña que son inseparables: el amor a Dios que no se vuelque hacia los demás queda mermado, san Juan lo deja de manifiesto en una de sus cartas, “el que dice que ama a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso”.
Vivamos el amor a Dios amando de forma concreta a nuestros hermanos, especialmente a los más frágiles de nuestra sociedad, y en cada paso de nuestra vida que ese amor sea reflejo del amor de Dios al mundo.





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