Caminar en la esperanza…


Texto de Javier Navarrete - Novicio fdp, desde Italia ---- Me parece que fue ayer cuando comenzaba el noviciado junto con otros 6 hermanos en el Paterno de Tortona, cuna de nuestra congregación. Una ceremonia muy sentida, sin duda emocionante, en un clima de familia y acompañando por tantos y tantas en la distancia.

De eso ya ha pasado un mes, y recién hoy puedo expresar un poco en palabras lo que he sentido desde ese día, lo que ha significado dar este paso para mi vida y vocación.

Si mi hicieran la pregunta ¿Qué ha cambiado desde que iniciaste el noviciado?, en estricto rigor podría responder que nada, que todo sigue igual, pues sigo haciendo en parte las mismas cosas que hacía siendo postulante... oración, trabajo manual, apostolado, vida comunitaria, en fin. Pero no es así. No es así al menos como me siento invitado a vivir este tiempo de gracia que el Señor me regala.


En eso, nuestro fundador es muy lúcido, y siempre sus palabras iluminan el camino que nos conduce al Señor, por eso el día de nuestro ingreso el provincial de Italia nos compartía de los escritos de Don Orione: “Entrate nel noviziato con cuore grande; il Signore ama chi dona con gioia; il Signore vuole tutto, non una parte! E’ geloso del vostro cuore, e vuole amore, amore grande! (…) (“Entrad en el noviciciado con gran corazón, El Señor ama al que da con alegría, el Señor lo quiere todo, no una parte. Es celoso de vuestro corazón y quiere amor, gran amor”)

Y creo que ahí está la clave: el amor. Poner amor en todo lo que haga, en todo lo que venga, incluso en aquello que tal vez me resulte fatigoso o desagradable, y tratar de vivir todo con alegría, confiando que el Señor nos ama y en su misericordia permite todo para nuestro bien, sacando provecho incluso de nuestras fragilidades para hacernos crecer y responder a este llamado con generosidad.

Sé que este recorrido apenas comienza, pero me ayuda mirarlo con esperanza, sabiendo que cada paso que doy, lo hago por el camino firme de la caridad que nos marcó Don Orione y acompañado por tantas personas que cada día me sostienen con su oración y cercanía.

Desde aquí ofrezco mi oración por cada uno de ustedes, y me encomiendo a las suyas para que el Señor vaya configurando mi corazón con el de Jesús y me conceda cada día la gracia de ser un “Hijo de la Divina Providencia” al estilo de San Luis Orione.



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